Blade Runner 2049 o Las Aventuras Distópicas del Pobre(cito) Pinocho

Por Lola Mendoza

A la nueva Blade Runner no la dirige Ridley Scott, que sí es su productor ejecutivo, sino Denis Villeneuve. ¿Por qué Scott nos abandonó?

Enorme desde lo visual, su estética redimensiona felizmente a la primera y se permite pasar gloriosamente por otras obras, como por El Planeta de los Simios (Franklin J. Shaffner, 1968), por ejemplo.

Pero su majestuosidad visual desentona con su narración.


Narrada desde el punto de vista del porta-piel que interpreta el casi siempre hierático Ryan Gosling, es imperdonable que a la contundente premisa filosófica "¿Qué nos hace humanos?" no se la deconstruya sino que se la reduzca a una problemática pinochesca en la que lo vemos a Gosling autocompadecerse cansinamente porque, ay, cómo quisiera ser humano. 
Un guión bastante lamentable -¿qué le pasó a Hampton Facher esta vez?- que a la vez que asoma personajes que promete serán interesantes no les permite que se desarrollen, jamás. Ni a ellos ni a su relación entre ellos. Situaciones obvias que se resuelven en la mente del espectador nomás se las muestra. Flaqueza intelectual. Montón de cabos sueltos que no parece ocurran a propósito.

Aunque el relato no les permite crecer como merecen, destacan aquí las mujeres, que logran más que dignas interpretaciones, dentro de las limitaciones de sus personajes tan dibujados como la historia. 


Se agradece la corta aparición de Harrison Ford con su esperado humor de hombre duro. Pero, aunque parece que sí, él tampoco logra la esperada salvación.

No. Más que en lo visual, no supera a nuestra vieja Blade Runner de nuestros corazones.

Pobre Dick: lo hicieron bolsa. Llevaron su historia al viejo cuento de Carlo Collodi.