Jennifer Lawrence: madraza

Por Lola Mendoza

Con Mother!, Darren Aronofsky nos entrega dos películas en una. Y no tanto porque se le fue la mano de genial sino porque el desbarranque profundo que media entre "ambas" bien provoca esta lectura.

En la primera, logra un suspense fino, casi parece que va a acercarse a un thriller psicológico en la onda de Black Swan. Casi. Parece. Lo que consigue es una bastante decente y respetable pintura de una joven esposa atormentada en su relación con un marido escritor bloqueado y preso de su ego, por un lado; con una casa que constituye su mundo casi todo, por otro; y con un par de intrusos, por último.

En esta primera parte se perciben unos miniolores, ¿minihomenajes?, a Polanski o Hitchcock, muy bien sostenidos en los trabajos dignos, pero no descollantes, de Michelle Pfeiffer y Ed Harris.

 



Pero, un giro lamentable larga a la cinta por el barranco de las "metáforas" entre estúpidas y evidentes y la reprimenda abiertamente didáctica y obvia sobre la fama, el fanatismo y la religión que acaba por colocar torpemente al pobre espectador en el banquillo de los acusados. 
Y es a partir de ahí cuando no queda mucho más que reír para no enojarse y dejar, del tiro, de apreciar la primera parte.

Pobre Jennifer Lawrence que, hasta convertida en salchicha parrillera y con unas líneas terribles, intenta sostener lo insostenible a fuerza de puro talento. 



Jennifer Lawrence: madraza