Beguiled: pulsión y culpa

Por Lola Mendoza 

La maga absoluta de la mirada sutil y certera al universo femenino, Sofia Coppola, esta vez se pasa al lado oscuro para entregarnos un film perfecto.

 



Segunda transpolación de la novela homónima de Thomas Cullinan (la primera se produjo en 1971 y lo tuvo a Clint Eastwood como la manzana de la discordia que ahora encarna el siempre histriónicamente tramposo y dudoso Colin Farrell), Coppola escribe y dirige esta historia en la que el deseo y su represión, la supervivencia, la fuerza femenina y la lucha de poder se entremezclan en tonos de comedia negra y suspense en el contexto del final de la guerra de secesión estadounidense.

Un relato denso y oscuro que no deja costuras sueltas por ningún costado.

Diálogos precisos, enormes interpretaciones (destaca la acertada elección de Nicole Kidman como la mujer fuerte, especie de matrona un poco a lo Bernarda Alba), la dirección minuciosa de Sofia (con sus planos quirúrgicos), la música (a cargo del marido), la iluminación, ¡el vestuario!, las direcciones de arte y fotografía... Todo aquí es perfecto y reverenciable.

Además de guiños a Lorca, se reconocen otros a Chéjov. Como la casa que, también personaje, no pareciera querer dejar salir a las chicas.

La directora sería ideal llevando al cine a Federico y Antón. Ojalá alguien le diga.




Beguiled: pulsión y culpa