Minieditorial: Chau, Philip. Gracias.

Un diario sensacionalista australiano hoy se mandó una tapa-cagada, o una cagada de tapa (es lo mismo), en su versión online, que casi enseguida, en atención a la mínima dignidad humana, aunque forzado por los comentarios, debió bajar.


Philip Seymour Hoffman en Pirate Radio ["The Boat That Rocked"; Richard Curtis, 2009].

La drogadicción es una enfermedad, un problema en el que la moralina no entra, no cabe. Philip Seymour Hoffman siempre fue sincero a la hora de hablar sobre su adicción, que había logrado vencer por un buen tiempo. Es una triste y despiadada ironía que haya sido, ¡precisamente!, una medicación -esto es: unas drogas recetadas de manera aprobada social y legalmente- la que lo llevara a recaer y a conseguir un final fatal.

Hoy, nosotros también lloramos la partida de este grande de grandes. Actorazos como él, solo pocos, solo uno cada tanto, cada tantísimo.

En cualquiera de 'sus' películas él era una estrella, un verdadero artista pleno de rigor, formación y talento. 

Chau, Philip, GRACIAS ETERNAS POR TU TALENTO, MAN!